sábado, 11 de enero de 2025

THE EVERLY BROTHERS - TWO YANKS IN ENGLAND (1966)



EMG 9.1.25

Entre las víctimas ilustres del fenómeno conocido como “invasión británica”, desencadenado a raíz de la irrupción de The Beatles en los Estados Unidos a principios de 1964, se cuentan grandes nombres de la música norteamericana de finales de los cincuenta y principios de los sesenta. Ricky Nelson, Brenda Lee, Gene Pitney, Bobby Vee, Paul Anka, Roy Orbison, Neil Sedaka o Connie Francis, fueron algunos de los vocalistas que sufrieron las consecuencias de la locura por el beat experimentada al otro lado del Atlántico. Pero el efecto devastador de la “beatlemania” y de la repentina pasión de los norteamericanos por la música de otros conjuntos epígonos del cuarteto de Liverpool no se detuvo ahí. También se vieron forzados a claudicar un cierto número de grupos vocales e instrumentales, principalmente enmarcados en el movimiento denominado “folk revival” y su prolongación en forma de sonidos más próximos al pop, como The Kingston Trio, The Limeliters, The Four Preps, The Brothers Four, Peter, Paul and Mary y muchos más que no supieron o no pudieron evolucionar satisfactoriamente hacia otros estilos musicales, con el consiguiente batacazo en términos comerciales, circunstancia que llevaría a muchos de ellos a desaparecer. Por el lado de la hasta entonces pujante música surf, el torbellino musical liderado por los Fab Four, vino a dar literalmente la puntilla a bandas que pocos meses antes reinaban en las listas del Billboard, grupos como los todopoderosos The Ventures, los populares Dick Dale and the Deltones, The Surfaris, Jan and Dean o los propios The Beach Boys, estos últimos salvados de la quema en 1966 gracias al genio de su fundador Brian Wilson, quien supo conducirlos por medio del asombroso Pet Sounds hacia una nueva época de éxitos, en la que no sólo superarían con creces lo realizado hasta entonces sino que pasarían a ganarse el derecho de ocupar una plaza de privilegio en el olimpo universal de la música. En el mundo del R&B, la lista de caídos es más corta ya que la mayoría de las discográficas supieron cambiar el rumbo ante un mercado que evolucionaba hacia otros sonidos, con los que el R&B acertó a fusionarse. Aún así, encontramos en su seno nombres ciertamente notables como los de The Drifters, The Miracles, Brook Benton, Major Lance o The Shirelles que se hundieron en las profundidades del Bubbling Under. Pero efectivamente, un gran número de artistas surgidos en esos años estarían llamados a obtener un enorme éxito en las décadas siguientes. Es el caso de Marvin Gaye, (Little) Stevie Wonder, The Supremes, James Brown, Dionne Warwick o The Four Tops. Tan sólo nos queda por saber qué habría deparado el destino a la que fue máxima estrella del R&B de comienzos de los sesenta si las balas de un revólver no hubieran terminado abruptamente con su vida. Nos referimos, claro está, al gran Sam Cooke, intérprete de enorme popularidad durante aquellos años que encontraría la muerte en un motel de Los Ángeles, como consecuencia de un incidente envuelto en extrañas circunstancias que, sesenta años después, aún continúa para muchos careciendo de una explicación satisfactoria.

Resulta imposible saber qué sucedió en realidad aquel 11 de diciembre de 1964, pero de lo que sí tenemos certidumbre es de lo acontecido tras la “invasión británica” con los protagonistas de nuestra reseña de hoy que no son otros sino el asombroso dúo de hermanos The Everly Brothers, quienes hasta poco antes de la llegada de The Beatles a los Estados Unidos constituían una de las principales fuerzas motrices del mercado discográfico más grande del mundo. No es mi intención recorrer ahora la biografía personal y musical de estos magníficos artistas ya que quienes no la conozcan pueden consultarla en muchas y más autorizadas fuentes que la que constituye este modesto servidor de ustedes. Sin embargo, me detendré en dos aspectos relativamente poco tratados y que a mi entender resultan trascendentales en su carrera musical.

El primero de ellos, no es otro que el impulso recibido por los Everly Bros. de la mano del famoso guitarrista, compositor, arreglista y productor de Tennessee, Chet Atkins. En efecto, fue el célebre director de los estudios de la RCA en Nashville -amigo del padre de Don y Phil, músico como Atkins e inspirador de la carrera musical del dúo-  quien les consiguió su primer contrato discográfico con Columbia Records, operación que se saldó con el fracaso de su primer single y la rescisión del acuerdo por parte de la discográfica. Pero pronto Atkins haría gestiones para la firma de un nuevo contrato, esta vez con un sello de menor entidad, Cadence Records, para el que grabarían uno de los hitos de la música moderna, el tema “Bye, Bye Love”, escrito por el matrimonio Bryant y del que se comenta fue rechazado por cerca de treinta artistas hasta que los Everly Bros. lo grabaron en 1957 con el éxito de todos sobradamente conocido, convirtiendo al single en un million seller y en la puerta de entrada hacia un triunfo que estaría jalonado durante años por grandes hits como “Wake up Little Susie”, “All I Have to Do is Dream”, “Cathy’s Clown”, “That’s Old Fashioned” y tantos otros. 

El segundo aspecto que merece la pena destacar es la idea de grabar un álbum en el Reino Unido, país en el que gozaban de enorme popularidad, como salida a la crisis de éxitos que los Everlys venían padeciendo desde la llegada de las bandas británicas al mercado estadounidense. Ciertamente Warner Records, su discográfica desde principios de la década, había visto venir el problema, por lo que instó al dúo a grabar un disco que incluyera temas de corte beat con el objeto de llegar a un público más amplio. Gracias a un encuentro verificado en Nueva York entre Don, Phil y Graham Nash(1) surgiría "Two Yanks in England", un proyecto en el que The Hollies contribuirían con ocho canciones en las que además actuarían como backing band. La elección de The Hollies parecía un hecho natural a la vista de la reconocida influencia que los Everly Bros. ejercieron sobre la banda británica. Dos de los cuatro temas restantes se deben también a artistas británicos, comenzando por el que abre la cara 1 del disco, "Somebody Help me" de Spencer Davis Group y "Pretty Flamingo" de Manfred Mann, temas ambos que habían alcanzado recientemente el número uno de las listas británicas. A ellos se añade "The Collector", compuesto por Tony Curtis, y "Kiss your Man Goodbye", del que son autores los propios Everly Bros. Volviendo al núcleo central del disco, es decir las canciones firmadas por The Hollies, destaca el hecho de que la selección, aunque no esté formada en su integridad por lo más granado de la producción de los de Manchester, ofrece una excelente muestra de la capacidad creativa de la banda en aquellos años, aspecto que queda reforzado por el hecho de que los arreglos dispuestos para las versiones de los Everlys funcionan espléndidamente, centrados lógicamente en destacar su extraordinaria condición vocal pero respetando hasta donde ello es posible el sonido tradicional del dúo norteamericano. Resulta difícil colocar un tema por encima de los demás, sin embargo, puestos a la labor de decidir me inclinaría por el elegante "Hard, Hard Year", seguido de cerca por el dinámico "Have You Ever Loved Somebody", que había sido grabado primero por The Searchers antes de aparecer en el álbum de 1967 "Evolution" de The Hollies. Por cierto, la magnífica banda española Los Ángeles también ofrecería ese mismo año una fantástica versión con el título de "¿Has amado alguna vez?".

En definitiva, el caso de los Everly Bros. resulta revelador ahora que podemos contemplar el fenómeno de la "invasión británica" desde la perspectiva que nos ofrece el conocimiento, todavía fragmentario pero creciente, de lo sucedido en aquellos años en el mercado de la música popular. Habiendo sido una de las bandas que mayor influencia ejercieron en el desarrollo del beat y el pop británico a principios de los sesenta, llegó un momento sin embargo en que la propia espiral de éxito de los grupos británicos les forzó de alguna manera a adaptarse a la nueva situación, incorporando a su repertorio temas provenientes de unos de sus "alumnos" más aventajados. Lo cierto es que la fórmula no llegó a resultar tan bien como probablemente ellos hubieran querido, de modo que, dotados como estaban de un talento extraordinario, The Everly Brothers comenzaron a explorar nuevos caminos en el intento de relanzar su ya para entonces ilustrísima carrera musical, proceso en el que llegarían incluso a constituirse en pioneros de sonidos tan distantes del beat y del pop británicos como los que nos ofrecerán a partir de su álbum de 1968 "Roots", uno de los discos de referencia en el nacimiento del country pop. Eso es parte no obstante de otra historia, un capítulo más del recorrido artístico de los extraordinarios Everly Bros. que -¿quién sabe ?- quizá lleguemos a abordar algún día en este Baratillo.


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domingo, 6 de octubre de 2024

THE GREATEST SHOW ON EARTH - THE GOING’S EASY (1970)




EMG 6.10.24

Con el panorama del rock en plena evolución, partiendo del blues rock y la psicodelia en dirección hacia nuevos sonidos que más tarde serian categorizados bajo las etiquetas de hard rock, prog rock y jazz rock, la compañía EMI se planteó a principios de 1970 completar su oferta en ese ámbito. Para ello, elegiría a la subsidiaria Harvest, dedicada a dar a conocer nuevos talentos del rock, que estaba apoyada en el enorme éxito de dos de sus grandes grupos, Deep Purple y Pink Floyd. La necesidad más urgente se presentaba precisamente dentro del último de los estilos mencionados, el jazz rock, ya que hasta entonces no disponía en su roster de ninguna banda que pudiera hacer frente a lo que estaba ofreciendo la competencia, en particular los dos grandes grupos del sello Columbia, precursor e impulsor del género. Nos referimos, claro está a Blood, Sweat & Tears y a Chicago Transit Authority, éstos últimos forzosamente reducidos más tarde por razones legales al nombre con el que pasarían a la historia: Chicago. De este modo, EMI firmaría un contrato con The Greatest Show on Earth, banda formada en 1968 que, tras poner en el mercado un single que no se vería acompañado por el éxito en las listas, lanzaría su primer álbum, “Horizons”, con portada de Hypgnosis, que correría suerte pareja. El material debía sobrarles en abundancia ya que TGSOE presentará el mismo año un segundo LP, este “The Going’s Easy” (la portada también es de Hypgnosis) con un sonido a caballo entre el prog jazz y el hard prog que llama la atención por la intensidad y distorsión de los riffs de guitarra, algo que le aleja del jazz rock, así como por unos arreglos que en ocasiones fluctúan entre estilos, lo que hace que este disco sea interesante y desconcertante a un tiempo. Grupo que escapa a cualquier intento de ser encasillado en un estilo determinado, lo cierto es que TGSOE, gracias a la originalidad y calidad de su sonido, ha ido creando en lo que va de siglo un importante número de seguidores, algo que hace que las copias disponibles de sus discos sean escasas y, por ello, relativamente difíciles de encontrar.

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viernes, 4 de octubre de 2024

RITA COOLIDGE - RITA COOLIDGE (1971)



EMG 4.10.24

Los primeros años de la década de los setenta del siglo pasado vieron como las técnicas de grabación alcanzaban cotas de perfección nunca vistas hasta entonces. Esto que decimos vale tan solo para la música moderna y en particular para el rock, ya que en el jazz, la música clásica y la música instrumental la calidad de las grabaciones desde mediados de los cincuenta a finales de los sesenta es incluso superior a las de época posterior. Un buen ejemplo del trabajo realizado en el ámbito de la música moderna lo encontramos en las producciones del sello californiano A&M (o lo que es lo mismo, Herb Alpert y Jerry Moss) que destacan por su cuidado a la hora de manejar la ecualización (las texturas de los instrumentos están magníficamente representadas, los timbres presentan una asombrosa fidelidad) el panning (muy equilibrado, sin los vaivenes propios de los registros estéreo en su primera época) y el cuerpo que cobran los medios-bajos, indispensables en toda grabación de música rock.

Buen ejemplo de todo ello nos proporciona el álbum debut de Rita Coolidge, cantante de sangre cherokee nacida en Tennessee, que comenzó su andadura en el mundo de la música a finales de los sesenta como backing singer de algunos de los más egregios representantes del establishment californiano como Leon Russell, Dave Mason, Joe Cocker, Stephen Stills o Graham Nash, con algunos de los cuales mantuvo también estrechas relaciones en el plano personal. Sus excelentes dotes vocales abrieron a Rita Coolidge el camino para grabar un álbum homónimo en el que contaría con la participación de nombres de la talla del propio Leon Russell, Chris Ethridge (Flying Burrito Bros.), Booker T. Jones, Stephen Stills, Clarence White (Kentucky Colonels, The Byrds) o Ry Cooder, por citar solo algunos de los más conocidos. El álbum se alzó con un discreto #105 en el Billboard 200, aunque con el tiempo ha ido ganando interés entre los aficionados, en parte gracias a la presencia de una banda de músicos tan extraordinaria, pero también merced al magnífico elenco de temas que aparecen en ambas caras del disco, en los que se mezclan el blues, el rock, el soul y el country para ofrecer un resultado brillante, que no hace sino destacar aún más las capacidades como cantante de Rita Coolidge, una intérprete que encontraría el éxito comercial años más tarde, en compañía primero de quien por aquel entonces era su esposo, Kris Kristofferson, con quien firmaría tres LP a dúo, y en solitario más tarde, destacando entre sus trabajos el álbum “Anytime… Anywhere”, publicado en 1977, que llegaría al puesto #6 del Billboard 200.

Un gran álbum, en definitiva, el primero de Rita Coolidge, lleno de excelentes temas y grandes músicos que merece ocupar un lugar de privilegio dentro de toda buena colección de grandes voces solistas americanas del siglo XX.

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jueves, 3 de octubre de 2024

PETER FRAMPTON - WIND OF CHANGE (1972)



EMG 3.10.24

Todavía los gigantes del rock caminaban sobre la tierra cuando en mayo de 1972 apareció en el Reino Unido “Wind of Change”, primer trabajo en solitario de Peter Frampton quien por entonces, con solo veintiún años, ya había asombrado a propios y extraños tras su paso por The Herd y Humble Pie, banda esta última que acababa de abandonar para proseguir su carrera individualmente. Una decisión que, con la perspectiva que da el paso de los años, no deja de antojársenos valiente y arriesgada, a pesar de gozar de la ventaja de conocer que terminaría estando coronada por un éxito sin precedentes, éxito que llegaría a su cénit con “Frampton Comes Alive!”, un álbum cuya estatura histórica no vamos ahora a descubrir a los buenos aficionados al rock que tienen la gentileza de dedicar su valioso tiempo a visitar El Baratillo.

Nos situamos pues en los comienzos de Peter Frampton como artista “en solitario”, hasta cierto punto una forma de hablar si se tiene en cuenta que en “Wind of Change” al multinstrumentista británico se suma la colaboración de artistas de la categoría de Ringo Starr, Klaus Voorman o Billy Preston. Pero lo cierto es que Frampton no se conformó solo con dar un salto hacia adelante al decidir abandonar Humble Pie sino que tomó asimismo la decisión de convertirse en compositor, letrista, productor e intérprete de muchos de los instrumentos en la práctica totalidad de los temas incluidos en su opera prima. El resultado es asombroso. No hay un solo apartado de los mencionados (incluida la producción) en el que “Wind of Change” no destaque de manera superlativa. Huelga decir que el manejo tanto de las guitarras acústicas como de las eléctricas, unido a su magnífica voz, son la guinda en el pastel de un LP que convence por igual en los números de perfil más duro como en los temas mas reposados, que ciertamente son pocos. Es tal la calidad del álbum que no me atrevo siquiera a destacar ninguno de ellos porque todos son realmente excelentes. Por poner quizá alguna objeción, mencionaría el resultado de conjunto del único tema que Frampton versiona, “Jumping Jack Flash” de los Rolling Stones, cuyos arreglos, orientados a transformar la canción en un número de hard rock, se muestran por momentos un tanto forzados. Necesario es mencionar, en el apartado contrario, el fantástico trabajo realizado en “It’s a Plain Shame”, tema que aparecerá más tarde en el legendario “Frampton Comes Alive!” y que aquí puede saborearse en una excelente grabación de estudio.

En suma, un álbum este “Wind of Change” con el que Peter Frampton dio inicio a su carrera como artista en solitario y que puede reclamar con justicia un lugar de privilegio dentro de su discografía.

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domingo, 28 de julio de 2024

COUNTRY JOE AND THE FISH - “I-FEEL-LIKE-I’M-FIXIN’-TO-DIE (1967)


ARCHIVO 28.07.24

Antigua costumbre de la prensa tradicional solía ser, en este periodo vacacional, acudir al socorrido expediente de los archivos para cubrir la lamentable falta de material que la vacancia periodística indefectiblemente provoca. Eso era en aquellos tiempos, porque ahora se tiende a recurrir, antes, durante y después del receso veraniego a la figura del “becario”, periodista en ciernes que, a poco que se descuide, lo seguirá siendo per secula, pues ya se sabe que el mundo editorial está en permanente crisis. Nosotros tiramos, pues, de archivo, trayendo a la primera plana una nota del ya lejano 2016, cuya lectura espero agrade a quienes no eran abonados nuestros por aquel entonces y traiga buenos recuerdos a quienes nos han sido fieles desde el principio.

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La oposición frontal a la guerra de Vietnam, las críticas al establishment, la conveniencia del uso de las drogas y otros asuntos contraculturales relativamente habituales en la música rock americana desde mediados de los sesenta hasta principios de los setenta, pueden parecer hoy exiguas fuentes de inspiración en el contexto de un período de tan frenética actividad creativa como fue aquél. Sin embargo lo fueron, y muy importantes, en particular a la hora de explicar el éxito de grupos musicales procedentes de la costa oeste, surgidos principalmente en el entorno del área de la bahía de San Francisco, que tanta influencia ejercieron no sólo sobre sus contemporáneos sino también sobre los músicos que estaban por venir.

Hoy traemos al baratillo una joya de aquellos tiempos convulsos, I Feel Like I'm Fixing to Die (1967) segundo álbum de Country Joe and the Fish, banda nacida en Berkeley en 1965 y considerada, a justo título, como una de las mejores a la hora de generar esos sonidos que conforman lo que se ha dado en llamar rock psicodélico. Fundamentadas en la sátira cuando no en la reducción al absurdo, las letras de Country Joe and the Fish hicieron mella en una generación de seguidores de la musica rock que todavía valoraba el hecho de que un disco tuviera contenido ("mensaje" se decía entonces), interés por el fondo que pocos años después decaería notablemente hasta prácticamente quedar oculto tras el resplandor de una forma que habría de marcar el rumbo de los nuevos tiempos, llegando a su apogeo en nuestros días.


Dentro del apartado musical, hay que decir que I Feel Like I'm Fixing to Die es, pura y simplemente, una maravilla. La sección rítmica, excelente, secunda unos solos de guitarra excepcionales ("Thursday", "Eastern Jam"), mientras que el órgano, con su timbre distorsionado, refuerza la dimensión psicodélica de una grabación que comparte canciones de clara significación política, como la que da título al álbum, con otras de carácter más intimista ("Pat's Song"). La voz de Joe, suave y vibrante a un tiempo, se adapta perfectamente al cometido de proporcionar a las canciones, ya de por sí bastante psicodélicas, un cierto regusto cósmico. Pareciera que todo tuviese el aspecto de salir rodado, sin que en ningún momento se tenga la sensación de que los músicos hayan ensayado demasiado, de que las canciones sean el resultado de un trabajo de concienzudo moldeado sobre el barro de la inspiración y de que la toma sonora se haya producido en un estudio cerrado y no sea mas bien fruto del impromptu de unos artistas geniales al calor del directo. En definitiva, lo que tenemos delante no es ni más ni menos que un gran disco, se mire por dónde se mire.

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sábado, 27 de julio de 2024

JEAN MICHEL JARRE - ÉQUINOXE (1978)



EMG 27.07.24

Han pasado bastantes años desde que “Équinoxe”, cuarto álbum de Jean Michel Jarre (aunque segundo para la mayoría de los aficionados españoles, que solo habían podido comprar años antes su predecesor “Oxygène” (1976), ya que los dos primeros trabajos del compositor de Lyon no fueron publicados en nuestro país), entró a formar parte de mi discoteca. Algo después -eso sí- de haber escuchado “Magnetic Fields” (“Les Chants Magnetiques”, en su título francés, jugando con la semejanza fonética entre las palabras “chants” y “champs”), LP de 1981 en el que Jean Michel Jarre realizó un cierto viraje desde la música electrónica hacia el synth pop, algo que le llevaría, entre otras cosas, a alcanzar el puesto 98 en el Billboard Top 200. El caso es que, a pesar del tiempo transcurrido, “Équinoxe” sigue siendo un disco que se escucha con facilidad, ofreciendo pasajes -como los dos primeros cortes de la Cara B- donde la afortunada melodía hace olvidar el ritmo un poco monótono del secuenciador, muy presente a lo largo del álbum. 

Considerado como lo que es, o sea, un disco de música electrónica ambiental, especialmente apta para servir de banda sonora (de casta le viene al galgo, no en vano Jean Míchel es hijo del célebre compositor Maurice Jarre, autor de muchas e importantes bandas sonoras de películas), “Équinoxe” cumple sobradamente con su misión. Seguramente no agradará demasiado a los seguidores de Tangerine Dream, por juzgarle excesivamente melódico y elemental, pero tampoco satisfará en exceso a quienes busquen en él un LP de synth pop con potencial para animar las pistas de baile de la mano de uno de esos que se hacen llamar deejays, a pesar de que su trabajo se rescriba las más de las veces a dejar que sea un programa informático el que se encargue de las mezclas, de la ecualización y hasta de la selección de los cortes. En fin, preferencias aparte, quedémonos con el recuerdo de aquel famoso documental “Cosmos”, dirigido por Carl Sagan, en alguno de cuyos episodios apareció la música de “Équinoxe”, pasando así Jean Michel Jarre a formar parte del elenco de grandes artistas cuya música acompañó las imágenes de aquel hito de la televisión científico-divulgativa, entre los que se cuentan -por solo nombrar algunos- compositores de la talla de Vangelis, Edgar Froese, Brian Eno, Tomita o el mismísimo Karlheinz Stockhausen. Casi nada…

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jueves, 25 de julio de 2024

SOFT MACHINE - THIRD (1970)



EMG 25.07.24

Considerado por muchos su logro más acabado, el doble álbum “Third” (1970) de los ingleses Soft Machine supone un salto definitivo en la evolución de la banda desde la psicodelia y el rock progresivo hacia territorios hasta entonces prácticamente inexplorados en los que el rock, en unos casos, se enriquece con declinaciones jazzísticas, transitando en otros por los derroteros de la música electrónica. Una hibridación cuyo resultado, por otro lado plenamente satisfactorio, escapa a cualquier intento de categorización, a pesar de que han sido y son bastantes los críticos musicales que se conforman con adjudicarles cualquiera de las socorridas etiquetas habituales, como la de Canterbury sceneavantgarde o jazz-fusion que, desde hace tiempo, suelen utilizarse para ubicar en el espacio musical a este y a otros grupos afines, intentos todos ellos vanos de definir algo que de por sí trata de no ser definible: la música de Soft Machine.

Cosa distinta es aproximarse a la obra de Soft Machine situándola en su contexto temporal y haciendo un esfuerzo por valorar en su justa medida unos logros creativos que, sin duda, dejaron huella en otras bandas contemporáneas e incluso en muchos discos grabados años después de su mejor etapa, a caballo entre el final de los sesenta y el principio de los setenta. Precisamente “Third”, ofrece en cada una de las cuatro caras que conforman el álbum una perspectiva distinta de la banda británica. La Cara 1 presenta el tema “Facelift”, todavía de intenso sabor psicodélico, mientras que la Cara 2 incluye un corte de perfiles jazzísticos, “Slightly All the Time”, uno de los platos fuertes de este doble LP. En la Cara 3 está grabado “Moon in June”, tema que incluye múltiples intersecciones entre los estilos que conforman el sonido de la banda y último en el que esta utiliza recursos vocales, concretamente la voz de Robert Wyatt. Personalmente me gusta por su acento progresivo, que se hace patente en el tratamiento de los acordes surgidos de los teclados que de forma magistral maneja Mike Ratledge. Finalmente, en la cara 4 se encuentra el corte “Out-Bloody-Rageous”, donde una vez más se hace patente el nivel de madurez alcanzado por el grupo, que se manifiesta en el intenso ejercicio de improvisación superpuesto a la composición original, obra del propio Mike Ratledge. En resumen, con “Third” disfrutamos de casi ochenta minutos de música, mitificada por unos y denostada por otros, pero cuya calidad es sin lugar a dudas incontestable, dotada por añadidura de un atrevimiento y de una libertad expresiva -características de aquella época dorada del rock- que, desgraciadamente, son tan difíciles de encontrar en el panorama musical de hoy.

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martes, 23 de julio de 2024

THE HOWARD ROBERTS QUARTET - JAUNTY-JOLLY! (1967)


EMG 23.07.24

De sobra es sabido que los años cincuenta y sesenta del siglo pasado marcaron el punto más alto en lo que a la calidad del sonido grabado se refiere. El avance exponencial en las tecnologías de registro y de reproducción, unido a una demanda hasta entonces nunca vista por parte del público aficionado, determinaron que productos como el que hoy presentamos, alcanzarán un nivel superlativo en términos de interpretación, arreglos, producción y, por supuesto, calidad sonora. Traemos hoy a El Baratillo este “Jaunty-Jolly!”, un álbum del guitarrista norteamericano Howard Roberts (más conocido en aquel entonces por sus iniciales H.R.) que forma parte de la serie de seis LP que grabó para el sello Capitol entre 1963 y 1966. Miembro destacado de la célebre “Wrecking Crew”, H.R. participó como guitarra principal y rítmica en miles de sesiones y en centenares de grabaciones de artistas de primer nivel cuya cita, por larga y enfadosa, voy a obviar, recomendando a quien lo desee el visionado del documental “The Wrecking Crew”, en el que se desvelan interesantes aspectos relativos a la música grabada en aquellos años que pasaron desapercibidos para todos excepto para quienes estaban dentro del negocio. En “Jaunty-Jolly!” (Capitol ST 2716), Howard Roberts está acompañado por un elenco de magníficos músicos, entre los que quiero destacar al extraordinario teclista Dave Grusin, cuyos drives, fraseos y bases rítmicas se combinan en perfecta armonía con el punteo de H.R., claro, contundente, veloz y repleto de acordes e improvisaciones jazzísticas, que convierte a los standards y los temas contemporáneos que pueblan la lista del disco en obras por momentos únicas y manifiestamente alejadas del original. En definitiva, un ejemplo más del exquisito gusto con que los equipos de Capitol (A&R, productores y músicos de la casa) trataban a todos y cada uno de sus lanzamientos, la gran mayoría de ellos, al igual que este, dignos de ocupar un lugar de privilegio en la historia de la fonografía.

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MAYNARD FERGUSON PLAYS JAZZ FOR DANCING (1959)




EMG 23.07.24

La carrera de Maynard Ferguson se caracterizó por acoger una diversidad de estilos interpretativos, solo o en compañía de otros grandes artistas del jazz. Desde sus comienzos de la mano de Stan Kenton, el trompetista canadiense supo combinar un jazz de autenticidad e intensidad incontestables con incursiones en ámbitos más comerciales, como en el presente álbum “Maynard Ferguson Plays Jazz for Dancing”, en el que, soberbiamente acompañado de su orquesta, visita algunos standards imprimiéndoles su particular sello, rebosante de dinamismo, claridad tímbrica y arreglos que, a pesar de ir destinados a un público amplio, no por ello dejan de presentar un gran interés, especialmente para quienes reverenciamos la música orquestal de los años cuarenta y cincuenta del siglo pasado. La grabación original apareció en 1959 en un LP del sello Roulette (SR 52038), que se reeditaría al año siguiente en el sello subsidiario Forum, al que corresponde mi copia (SF 9035), un prensaje estéreo de excelente calidad.

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lunes, 12 de febrero de 2024

GENESIS - NURSERY CRYME (1971)




EMG 12/2/24

Si en un futuro, que desgraciadamente no parece cercano, llegasen a existir museos que en lugar de tener colgados cuadros de sus paredes o exhibir esculturas en sus salas se dedicasen a mostrar, en toda su pureza, el sonido de la música que, con limitados medios, tratamos de reproducir en nuestras colecciones particulares, una de los espacios principales debería estar consagrado a las creaciones de la banda británica Genesis. Todo en esta vida está sujeto a opinión, pero si por casualidad pidieran la mía, no tendría dudas a la hora de elegir el álbum merecedor de ocupar un lugar de privilegio entre todos los que grabaron los de Surrey. Por más que “Trespass” (1970), “Foxtrot” (1972) o “Selling England by the Pound” (1973), este último primero que pude escuchar de Genesis, constituyan cada uno de ellos y todos en su conjunto verdaderas cumbres de la música rock, siempre me quedaré con el que presentamos, “Nursery Cryme”, auténtica obra maestra del rock progresivo y pieza que no debería faltar en ninguna lista de grandes discos pertenecientes a ese género. Tercer álbum de estudio de los británicos, es el primero en que participan Phil Collins y Steve Hackett. Son muchos los aspectos que se pueden destacar de este LP, desde la magnífica aportación vocal de Peter Gabriel apoyado por Collins, hasta la compleja instrumentación, con creciente presencia del mellotron de Tony Banks, pasando por la preciosa portada, obra del ilustrador Paul Whitehead. Todos los temas son de primera clase, pero me quedo con el encargado de abrir el disco, “The Musical Box”, cuya letra está basada en un cuento victoriano escrito por Peter Gabriel, magníficamente reflejado en la portada del disco. Desbordante de fantasía es también “The Return of the Giant Hogweed”, en que la llegada de Phil Collins se deja notar merced a un excelente trabajo de este a la batería. Finalmente, quiero destacar un corte que me llamó la atención desde la primera vez que escuché el álbum, a principios de los ochenta, “The Fountain of Salmacys” en el que la presencia del mellotron y el órgano, como algunos han señalado, recuerda por momentos al sonido de los King Crimson en su álbum debut de 1969 “In the Court of the Crimson King”. Publicado por el sello Charisma, no todas los prensajes consiguen que el sonido de “Nursery Cryme”, lleno de matices, llegue con integridad y calidad hasta los altavoces. La portada que ilustra esta nota corresponde a una reedición en el sello Charisma-UMC aparecida en 2018, que recomiendo vivamente a quienes se interesen por este disco en formato analógico.

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sábado, 10 de febrero de 2024

THE BEST OF ‘66 VOLUME ONE (1967)



EMG 10/2/24

Traemos hoy como sugerencia este sampler publicado por Columbia en 1967, primera entrega de un total de dos, con una selección de artistas de la discográfica neoyorquina. Los temas extraídos, orientados al público más joven, están bien seleccionados, aunque no son necesariamente los mejores de cada uno de los álbumes de los que proceden.

El disco se abre con una versión de “¡Help!” a cargo de The Brothers Four, rebosante de calidad, finura y personalidad, todos ellos rasgos que son marca de la casa. Le sigue la magnífica versión de “Hey Joe” por The Byrds, que encuentro muy próxima en su sonido al rock psicodélico británico, en la línea de unos Yardbirds, aunque portando claramente la impronta de los californianos. El magnífico dúo Chad and Jeremy realiza una soberbia interpretación del tema de Simon y Garfunkel “Homeward Bound”, sin duda una de sus mejores canciones. The Cyrkle, grupo de corto recorrido que tuvo un gran hit con “Red Rubber Ball” (Paul Simon) publicado a principios de aquel año, se presenta aquí con “Cloudy”, otro buen tema firmado por el cantautor de Newark. El actor y cantante John Davidson se presenta en el disco con una versión de “You Don’t have to Say you Love me”, un cover de la canción de Pino Donaggio “Io che non vivo (senza te)”, que había sido versionada ese mismo año 1966 con enorme éxito por la gran Dusty Springfield. Le sigue un corte extraordinario del disco “Blonde on Blonde”, de Bob Dylan, “I Want you”. Poco se puede decir de un artista y un tema que ya forman parte de la historia de la música rock. El conjunto de folk, luego virado hacia el pop, The New Christy Minstrels publicó en 1966 uno de sus álbumes más conocidos “New Kick!”, en el que realizan versiones de temas contemporáneos tratados siempre desde sus cuidadas armonías vocales. Entre ellos este “These Boots are Made for Walkin’”, que Lee Hazelwood compuso para Nancy Sinatra y con el que la cantante se vería catapultada hacia el éxito internacional. A continuación, un excelente tema bellamente interpretado por la banda tejana de folk The Pozo-Seco Singers, “You’ve Lost that Lovin’ Feelin’”, con el que The Righteous Brothers llegarían a alcanzar fama mundial en 1964 y a través del cual Phil Spector llevaría al extremo su famosa técnica de grabación del “Wall of Sound”. Como puede apreciarse, la versión de los chicos de Corpus Christi se halla en las antípodas de la de los de Orange County, lo que proporciona una oportunidad de valorar la calidad del tema, una vez desprovisto de los artefactos sonoros añadidos por Spector a la versión interpretada por el dúo californiano. Extraído de su disco “Just Like Us!”, Paul Revere and the Raiders nos ofrecen “Just Like Me”, un tema que muestra la fortaleza que el grupo tenía en ese año de 1966, subidos ya al carro de un éxito que continuaría, amplificado, en los años siguientes. “Down on the Boondocks” es el single con el que debutó el cantante Billy Joe Royal, Una canción  escrita por Joe South y extraída del álbum homónimo, publicado en este caso en 1965. El disco se cierra con un corte perteneciente al álbum de Simon and Garfunkel  “The Sounds of Silence”, “We’ve Got a Groovy Thing Goin’”, tema que acaso no sea uno de los más conocidos del disco pero que en todo caso tiene la virtud de mostrarnos al dúo neoyorquino en la cúspide de su popularidad y en el que muy probablemente fuese su mejor momento artístico.

Por razones que nos son desconocidas, aunque es algo que ocurre con alguna frecuencia, el tema interpretado por John Davidson “You Don’t Have to Say you Love Me” permanece por el momento inaccesible en Spotify. Ofrecemos, no obstante, un enlace a You Tube en el que se recoge en su integridad el álbum del que fue extraído y en el que, por supuesto, figura la canción.

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viernes, 9 de febrero de 2024

BURTON CUMMINGS - MY OWN WAY TO ROCK (1977)



EMG 9/2/24

Puede que a alguno de nuestros seguidores el nombre de Burton Cummings no les diga demasiado. Pero si les contamos que se trata de la voz solista, el titular de los teclados y el autor de muchos de los temas de la banda canadiense de fama internacional The Guess Who y, por lo tanto, responsable en gran medida de que el #1 en Canadá y #9 en Estados Unidos de 1970 “American Woman” siga siendo una de las canciones más famosas de la historia del rock, entonces la cosa cambiará sustancialmente. Así es, Burton Cummings, junto con el gran Randy Bachman y el resto de sus compañeros constituyeron la formación más importante de la banda de Winnipeg que, tras la marcha de Bachman para fundar Brave Belt, primero, y el exitoso grupo Bachman-Turner Overdrive, más tarde, el propio Cummings seguiría liderando hasta su total disolución en 1975.

En 1976, Burton Cummings lanzaría su primer trabajo en solitario en el recientemente fundado sello Portrait, subsidiario de Epic, el álbum homónimo “Burton Cummings”, que llegaría al #5 en las listas canadienses y el #30 en el Billboard. Un año después, en 1977, llegaría este “My Own Way to Rock”, de nuevo publicado en el sello Portrait, que alcanzaría el #4 en Canadá y el #51 en Estados Unidos. Un LP del que fueron extraídos varios singles, entre ellos el que contiene la canción que da nombre al disco “My Own Way to Rock”, con el que Cummings llegaría al #38 en Canadá y al #74 en el Billboard Hot 100. Además de este buen tema, que puede inscribirse en el rock’n’roll revival de mediados de los setenta, el álbum se completa con otros cortes interesantes, conducidos siempre desde el piano y dominados por la voz nítida y articulada, de amplio rango tonal, del artista canadiense. Destaca la canción con que se abre el disco “Never had a Lady Before” y merece la pena mencionar también “Timeless Love”, tema este último que saldría también en single, entrando en el top 50 de las listas canadienses.

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jueves, 8 de febrero de 2024

THE ASSOCIATION - BIRTHDAY (1968)



EMG 8/2/24

Conocidos universalmente por la serie de éxitos con que alcanzaron la cumbre de las listas del Billboard tanto en 1966 (“Along comes Mary”, #7 y “Cherish” #1) como en 1967 (“Windy”, #1 y “Never my Love”, #2), el fabuloso grupo californiano The Association presentó en marzo de 1968 su cuarto álbum “Birthday”, al que dedicamos unas líneas hoy en El Baratillo. Empecemos por  destacar su gran calidad de conjunto y el excelente nivel de los temas, que siguen estando firmados, como en los álbumes anteriores, por varios de los componentes de la banda, algo que, como veremos más adelante, tendrá su importancia en el contexto de la producción del disco y de su ulterior carrera comercial. El tono general en que se mueve este LP pivota en torno a la fórmula que había impulsado al estrellato a los californianos en sus trabajos anteriores: un sunshine pop casi canónico, es decir, armonías vocales sobre melodías siempre reconocibles, acompañadas de lujosa instrumentación y dotadas de arreglos basados en tempi de rock, todo ello aderezado con un ligero perfume psicodélico. Con este bagaje, The Association consiguió introducir dos temas en el top 40 del Billboard (el fantástico “Everything that Touches you”, #10 y “Time for Livin’”, #39), mientras que el album lograría un más que meritorio #23 en el Billboard top 200. En definitiva un resultado que bastaría por sí solo para justificar toda la carrera de un grupo si no fuese porque ese grupo se llama The Association, una de las grandes bandas de la historia del rock, que precisamente a partir the “Birthday” iniciará su declive, a pesar de seguir contando con buenos temas en sus trabajos subsiguientes. Además de los ya mencionados, que entraron en las listas, no quiero dejar de mencionar el soberbio corte que abre el disco “Come on in” y la balada “Rose, Petals, Incense and a Kitten”, que evoca como ninguna otra el ambiente que se debía respirar en aquellas noches californianas del “Flower Power” y del “Summer of Love”.

Decía más arriba que el hecho de que todos los temas estuvieran a cargo de miembros del grupo es algo que tuvo sus repercusiones. Efectivamente, parece ser que Jimmy Webb compuso para The Association la famosa canción “MacArthur Park”, que habría sido inicialmente un encargo de su productor, Bones Howe, canción que los angelinos rechazaron dada su larga duración, ya que ello les obligaba a descartar al menos tres cortes entre los que ya tenían listos para su inclusión en el disco. El resto de la historia es bien conocida, “MacArthur Park” terminaría formando parte del álbum de Richard Harris “A Tramp Shining”, llegando a alcanzar el puesto número 2 de las listas en junio de 1968. Una verdadera lástima, pues estoy convencido de que The Association hubiera hecho algo infinitamente mejor con el tema de lo que Richard Harris -buen actor, pero cantante de recursos limitados- fue capaz de lograr. En todo caso, las vicisitudes de “MacArthur Park” con The Association sirven para poner de manifiesto las dificultades a las que se enfrentaban en ocasiones los productores a la hora de elegir el material en unos años, los sesenta, en que -como ya hemos destacado en otras ocasiones- se dieron unas circunstancias excepcionales y nunca más repetidas: una proliferación de artistas de la máxima calidad, unos productores, técnicos y músicos de estudio al mismo nivel, unas discográficas con recursos humanos y financieros amplísimos y, lo más importante de todo, un inmenso mercado ávido de novedades musicales, ya que la pasión por la música grabada se encontraba entonces en su punto más alto, convirtiendo al disco en un artículo de consumo presente en buena parte de los hogares. En cualquier caso, con o sin “MacArthur Park”, escuchar este “Birthday” de The Association es seguro que constituirá un verdadero placer para el aficionado al sonido de la Costa oeste.

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miércoles, 7 de febrero de 2024

IT’S A BEAUTIFUL DAY - MARRYING MAIDEN (1970)



EMG 7/2/24

Tras su álbum debut homónimo, la banda de San Francisco It’s a Beautiful Day presentó a mediados de 1970 este segundo trabajo, “Marrying Maiden”, más alejado de la psicodelia, santo y seña de la ciudad californiana a finales de los sesenta, que el disco precedente. En efecto, por el LP discurren algunos temas de marcado sabor country como “The Dolphins”, firmado por Fred Neil, o el instrumental “Hoedown”, que cuenta con la participación de Jerry Garcia al banjo, guitarrista que aparece también en el animado tema “It comes Right Down to you” tocando la pedal steel. En cualquier caso, se trata de un disco que destila un agradable perfume “viajero”, apreciable en “Don and Dewey”, instrumental con el que se abre el disco, y muy presente en uno de sus mejores cortes, “Soapstone Mountain”. La llegada a los teclados de Fred Webb se deja notar en el drive que impulsa a varios de los temas, además de en una interesante pieza, a caballo entre la psicodelia y el sunshine pop, como es “Let a Woman Flow”, infravalorada por los escasos críticos que han profundizado en este disco y que, personalmente, encuentro muy lograda. El rítmico “Good Lovin’ ”, tema compuesto por Webb y Holman, apunta a una clara -y benéfica- influencia del sonido de los Grateful Dead. Tras el recitativo-instrumental “Galileo”, el grupo se lanza a la interpretación del último corte del disco, “Do you Remember the Sun?”, un número de psicodelia suave que, por momentos, evoca en cierta medida a los Beach Boys de la etapa posterior a “Pet Sounds”. En conjunto, este “Marrying Maiden”, muestra una evolución respecto al disco debut de la banda (#47 en el Billboard 200), esfuerzo que no se vería coronado por el éxito, ya que ni el álbum propiamente dicho ni los dos singles que se extrajeron del mismo llegaron a alcanzar las listas americanas.

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Como sucede en otras ocasiones, Spotify sólo ofrece el primer trabajo de It’s a Beautiful Day. Nosotros acompañamos un enlace a uno de los canales que incluyen “Marrying Maiden” en You Tube.

martes, 6 de febrero de 2024

PEGGY LEE - IS THAT ALL THERE IS? (1969)


EMG 6/2/24

Cuando dos artistas de la estatura de Peggy Lee y Randy Newman unen sus esfuerzos en una misma dirección el resultado no puede ser otro que el éxito. Lo que nadie podía esperar en 1969 es que la confluencia de la voz de una y las virtudes musicales del otro convertirían a este disco y, sobre todo, a la canción de la que deriva el título del mismo “Is That All There is?” en uno de los ejemplos más perfectos de la renovación experimentada por el cancionero americano a finales de los sesenta y principios de los setenta. Músicos como el propio Newman, Harry Nilsson, Van Dyke Parks, Carole King, Brian Wilson, Joni MitchellJackson Browne o Donald Fagen, por no citar más que algunos, fueron los encargados de dar un nuevo impulso a la música popular americana. Con distintas percepciones en torno al hecho musical y desde actitudes diferentes ante la vida, todos ellos, y bastantes más, contribuyeron a revigorizar el cancionero norteamericano, creando sonidos a partir de distintas fuentes, el jazz, por supuesto, pero también la música de baile, el bluegrass o el country.

La naturaleza quintaesencial de “Is That All There is?” como expresión de un sentimiento, amargo y pesimista es cierto, con el que enlazan distintas generaciones, está en la base de su éxito, haciendo de ella una canción eterna y, en cierta medida, universal. Por su parte, la dirección y los arreglos de Newman convierten al disco en una verdadera joya de la música popular moderna que, además del magnífico tema de Leiber y Stoller que da título al disco, incluye auténticas obras de arte como la versión de “Me and my Shadow”, canción de Al Jolson, Billy Rose y Dave Dreyer, aunque parece ser que debida exclusivamente a estos dos últimos, en la que Peggy Lee interpreta con mínimo acompañamiento, haciendo gala de su facilidad para cantar “suavemente, con sentimiento”, como ella solía decir. Merece también ser destacada la interpretación de “My Old Flame”, otro standard que Arthur Johnston y Sam Coslow crearon para la película de 1934 “Belle of the Nineties”, protagonizada por Mae West. En la cara B se incluyen algunos covers de temas contemporáneos como “Brother Love’s Travelling Salvation Show” de Neil Diamond, que personalmente prefiero en la versión original del cantante de Brooklyn, o “Something” de George Harrison, mejor adaptada a las características vocales de la Lee, junto a un tema de Newman, “Johnny (Linda)” y otros dos standards, “Whistle for Happiness” de Leiber y Stoller y “Don’t Smoke in Bed” de Willard Robison.

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lunes, 5 de febrero de 2024

RARE EARTH - MA (1973)

EMG 5/1/24

“Ma” es el sexto álbum, publicado en 1973, de la banda de Detroit Rare Earth, cuyo sonido para entonces no resultaba fácil de encasillar dentro de ningún estilo concreto ya que era el resultado de la superposición -de la mezcla, si se quiere- de rhythm and blues y classic rock, con toques de psicodelia (cuando ésta ya estaba desvaneciéndose) e incluso de funk (un estilo claramente consolidado a principios de los setenta). La mayoría de los temas se deben al productor del disco, Norman Whitfield, hombre fuerte en la discográfica Motown en cuyo subsello, llamado “Rare Earth”, el grupo publicaba sus discos (el nombre se puso a sugerencia suya) y personaje que estuvo detrás del sonido “Motown”, en particular el de The Temptations, así como del pujante crossover de finales de los sesenta denominado “psychedelic soul”.

En su cara A, el disco contiene un solo tema, el homónimo “Ma”, con una duración de más de diecisiete minutos y carácter casi exclusivamente instrumental, que marca la pauta de lo que en ese momento los Rare Earth estaban haciendo: una amalgama de soul y de rock por partes iguales. La cara B comienza con “Big John is my Name”, un corte de melodía y ritmo soul que se acompaña de una instrumentación con perfiles de hard rock. Le sigue un sólido tema, “Smiling Faces Sometimes”, que comienza con frases en español sobre un fondo musical para entrar seguidamente en la canción propiamente dicha, que cuenta con la voz del batería Peter Hoorelbeke. The Undisputed Truth, grupo creado a instancias de Whitfield como vehículo de sus creaciones, alcanzaría con esta canción el número 3 del Billboard el 26 de junio de 1971. En la misma vena de soul psicodélico con fuerte acento de rock, en que destaca el drive proporcionado por el órgano, se encuentra “Hum Along and Dance”, tema grabado previamente por The Temptations que también seria versionado por The Jackson 5. Cierra el disco un fill in instrumental, “Come with me”, acompañado de susurros y jadeos relativamente explícitos que, para ser honestos, carece absolutamente de interés. 

Finalizaremos diciendo que estamos ante un disco interesante por su naturaleza híbrida, algo que venimos destacando a lo largo de la nota, así como por el hecho de ser obra del primer grupo completamente formado por blancos que firmó por el sello Motown. Una cosa más: el álbum apareció en España con dos portadas, una idéntica a la que mostramos más arriba (nuestra copia es EMI-Electrola alemana) y una segunda, esta última censurada, en la que tan solo aparece el título del disco.

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domingo, 4 de febrero de 2024

PROGRAMA CLÁSICO #2


EMG 4/2/24

Hoy traemos un nuevo Programa Clásico centrado en grabaciones procedentes de dos compañías discográficas europeas que fueron dominantes en la era analógica. Nos referimos al sello inglés Decca, presente en el mercado casi desde los comienzos de la música grabada, y al sello holandés Philips, surgido mucho más tarde, en 1950, poco antes del lanzamiento en Europa del disco de larga duración a 33 1/3 rpm. Editados y distribuidos por todo el mundo, los discos Decca y Philips compitieron durante un tiempo en el mercado británico, ya que tras la separación de la Columbia inglesa y la norteamericana, Philips compartió catálogo con la segunda, dentro del cual se encuentran algunas grabaciones y prensajes apreciados por los coleccionistas. Aunque ambos terminaron siendo sellos generalistas, ya fuera editando de manera directa o a través de subsidiarias, la profundidad y la calidad de sus respectivos catálogos de música clásica rivaliza con la de los de Deutsche Grammophon o EMI-HMV y, por supuesto, con el de las grandes compañías norteamericanas como RCA, Columbia, Mercury o Capitol.

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Édouard LALO - Symphonie Espagnole op. 21
Maurice RAVEL - Tzigane op. 76
Ruggiero RICCI (violin)
Ernest ANSERMET (director)
Orchestre de la Suisse Romande
DECCA LXT 5527 (mono) 1960



La Orquesta de la Suisse Romande, fundada por Ernest Ansermet y dirigida por él mismo durante décadas, estuvo grabando en exclusiva para Decca durante gran parte del período en que el maestro estuvo al frente del conjunto ginebrino. Aquí nos ofrece uno de los registros de referencia de la Sinfonía Española de Lalo con el violinista californiano Ruggiero Ricci, quien también se prodigó como solista en muchos de los discos de la compañía británica. La interpretación, como digo, puede considerarse entre las mejores, tanto desde el punto de vista técnico como por el alto grado de comprensión por parte del artista de la obra de Lalo. Completa la cara B un coupling con una conocida rapsodia de Maurice Ravel, “Tzigane”, de gran complejidad técnica y destinada a mostrar las dotes interpretativas del solista, que en este caso sale más que airoso del encuentro con la obra. Concluyo señalando que la grabación mono es excelente, igual -si no superior- a la versión en estéreo, una versión esta última que alcanza precios en la actualidad que me atrevería a calificar de exagerados, aunque en materia de coleccionismo discográfico nada puede darse por definitivo, como la evolución del mercado en los últimos años nos ha venido a mostrar.

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Dmitri SHOSTAKOVICH - Sinfonía nº 5 op. 47
István KERTÉSZ (director)
Orchestre de la Suisse Romande 
Decca LXT 6018 (mono) 1962



La carrera del director de orquesta húngaro István Kertész comenzaba a despuntar a principios de los sesenta, en particular gracias a su excelente grabación de la 9ª Sinfonía de Antonin Dvořák “Desde el Nuevo Mundo”, realizada para el sello Decca en 1961 dirigiendo a la Filarmónica de Viena. Un Kertész que comenzaría a producir nuevos registros tanto de obras sinfónicas como de conciertos para solista y orquesta, entre ellos este de la 5ª Sinfonía del compositor soviético Dmitri Shostakovich, estrenada en 1937 en Leningrado bajo la batuta de Yevgeni Mravinsky, que en su día recibió críticas acerbas por parte del oficialismo a causa de su modernidad, pero que sin embargo obtuvo una excelente acogida por parte del público asistente a su estreno. En nuestra opinión, aunque realiza un notable esfuerzo por dominar la poderosa presencia de las cuerdas, no acierta del todo Kertész a la hora de captar el tono sombrío pero profundamente emotivo de esta obra maestra de Shostakovich, algo que directores como Dimitri Mitropoulos o el pupilo de éste, Leonard Bernstein, por citar tan solo dos, consiguieron plenamente. En cualquier caso, deberá ser el oyente el que juzgue por sí mismo sobre el resultado del trabajo de un Kertész que hasta su temprana y súbita muerte en 1973, mientras nadaba en las costas israelíes de Haifa, seguiría grabando con éxito un gran número de discos para la Decca.

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Franz LISZT - Dante Symphony 
Jesús López-Cobos (director)
Orchestre de la Suisse Romande 
DECCA SXDL 7542 (stereo) 1982



Como señala Humphrey Searle, autor de las notas liminares que acompañan al disco, “Liszt y Marie d’Agoult gustaban de leer juntos la Divina Comedia. El fruto de este pasatiempo fue, para Liszt, la composición de una gran obra para piano, ‘Après une lecture de Dante, Fantasia quasi Sonata’ de 1837”. La obsesión por Dante fue una constante en el compositor y veinte años después, en 1857, estrenaría esta “Dante-Symphonie” que en principio iba a contar con tres movimientos: Infierno, Purgatorio y Paraíso, pero sería el mismísimo Wagner, destinatario de la obra, el que desaconsejaría al autor la introducción de este último movimiento ya que, a su parecer, cualquier intento de evocar la gloria celeste habría de estar necesariamente destinado al fracaso. De este modo la obra consta de dos movimientos que culminan en un “Magnificat” interpretado por el coro.

Para efectuar este registro, de los primeros que Decca realizó en formato digital, aunque en soporte analógico, el director español Jesús López-Cobos se subió al podio de la Orquesta de la Suisse Romande, a la que guía con mano firme por los vericuetos de esta obra cumbre del romanticismo, acentuando no obstante la fuerza desmedida de ese infierno imaginado por Dante, genialmente trasladada al pentagrama por el compositor austrohúngaro.

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Ludwig van BEETHOVEN - Sinfonía nº 6 “Pastoral”
Willem von OTTERLOO (director)
Wiener Symphoniker
Philips A 00176 L (mono) 195? [orig. 1953]



Casi desde sus comienzos la compañía holandesa Philips estuvo presente con fuerza en el mercado español en el que ofrecía un amplio catálogo de EPs de música clásica y popular que se completaba con un buen número de discos de larga duración, muchos de ellos registrados por orquestas e intérpretes de los Países Bajos a los que se unían grabaciones provenientes del otro lado del atlántico, concretamente de la casa Columbia. Por lo que se refiere a los holandeses, la ausencia forzosa por razones políticas y la avanzada edad de quien fuera la batuta más importante del país y una de las mejores de Europa -nos referimos claro está al extraordinario director de orquesta Willem Mengelberg- determinó probablemente que Philips se apoyará en otros directores de renombre como Paul van Kempen, Eduard van Beinum y el que figura en esta grabación, Willem von Otterloo, bien conocido entre los aficionados por su trabajo en el podio de la Residentie Orkest de La Haya, quien, tras un breve período de inhabilitación a causa de su actividad durante el conflicto con la Orquesta Municipal de Utrecht, firmó junto al conjunto de La Haya algunas de las mejores grabaciones realizadas por Philips en los años cincuenta. En este caso, le encontramos al frente de la Wiener Symphoniker dirigiendo la Sexta Sinfonía de Beethoven, una auténtica pièce de résistance para los directores de la época, que Van Otterloo resuelve a mi entender de la mejor manera posible, es decir, con ligereza y naturalidad, características esenciales de una obra en la que Beethoven quiso reflejar una visión optimista de la vida, con un hombre en sintonía con la naturaleza, coincidente con el buen estado de ánimo en que por entonces se encontraba el maestro alemán.

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Ludwig van BEETHOVEN - Trío para piano nº 3 op. 1 / Sonata para violonchelo y piano op. 17 “Horn-sonate”
Mieczyslaw HORSZOWSKI (piano)
Sandor Végh (violin)
Pablo Casals (violonchelo)
Philips A 00505 L (mono) 1959



Grabado en la casa de Beethoven en Bonn dentro de una serie histórica de registros que Philips publicaría simultáneamente en 1959, se encuentra este disco que recoge la primera obra en el catálogo del compositor, concretamente el tercero de los tres tríos de piano que conforman esa opus 1, en unión de la “Horn-sonate” op. 17, compuesta para piano y trompa, pero frecuentemente interpretada en diferentes arreglos, para quinteto de cuerdas o, como en este caso, para piano y dúo de cuerdas. Lo que hace importante a la grabación es sin duda la presencia de tres músicos excepcionales como fueron Horszowski, Végh y Casals, quienes actuaron juntos en varias ocasiones teniendo como cita ineludible durante años el Festival de Prades, organizado por el músico de El Vendrell. El resultado de la reunión no puede ser más afortunado, rozando la perfección, de ahí que esta y las otras grabaciones realizadas por los tres artistas en la casa de Beethoven en Bonn se cuenten entre las más cotizadas y buscadas por los coleccionistas.

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Niccolò PAGANINI - Concierto para Violín nº 3
Henryk SZERING (violín)
Alexander GIBSON (director)
London Symphony Orchestra
Philips 65 00 175 (stereo) 1971



Redescubierto por el propio Szeryng, el Concierto para Violín nº 3 de Paganini fue grabado por primera vez por el violinista mexicano nacido en Varsovia. Este que hoy presentamos es el disco, publicado en 1971, que contiene dicha grabación. La obra de Paganini no es extensa pero siempre invita a su escucha por la dificultad técnica y por el intenso empuje romántico que toda ella desprende. En el caso que nos ocupa, el atractivo es doble puesto que quien sostiene el arco es Robert Szeryng, uno de los grandes expertos en el estudio de la vida y la obra del violinista genovés y un virtuoso, si bien es cierto que algo soslayado en los últimos tiempos, cuyo legado no deja de ser inmenso, en especial las sonatas para violín y piano de Beethoven grabadas junto a Ingrid Haebler y su registro del Concierto para violín de Tchaikovsky con la Orquesta Sinfónica de Boston bajo la batuta de Charles Munch.

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Dmitri Shostakovich - Sinfonía nº 5
István Kertész - Orchestre de la Suisse Romande



Ludwig van Beethoven - Sinfonía nº 6 “Pastoral”
Willem van Otterloo - Wiener Symphoniker